viernes, 12 de marzo de 2010

IV Domingo da Quaresma (Português / Español)

Português
Neste quarto domingo da quaresma somos convidados a reconhecer a misericórdia de Deus por cada um de nós. Isso significa que meditaremos no Evangelho de são Lucas 15, 1-3.11-32 a história do filho pródigo, mas que na verdade o nome deveria ser a parábola do Pai bondoso. Aqui é por onde entra a parte de cada um dos que particparemos da celebração da eucaristia desse domingo, dia 14 de março, ver se realmente reconhecemos que Deus é esse Pai que perdoa, acolhe, e nos da uma nova oportunidade.

O sacramento da reconciliação tem uma doble vertente: por um lado a reconciliação com Deus e por outro a reconciliaçao com os irmãos. Uma leva a outra, porque quando sentimos ser perdoados por Deus, devemos estar dispostos a partilhar esta mensagem da alegria de ser perdoados, gerando o que nos diz na segunda leitura da segunda carta de são Paulo aos Corintios 5, 17-21: que não podemos somente perdoar os demais, mas convencer-nos que somos propagadores de paz, perdão, caridade e entrega aos irmãos. Tendo sempre em conta que não podemos cair nas armadilhas do mal de senti-nos os melhores, os convencidos, como o filho mais velho da parábola, de pedir contas, nem desprezar os irmãos que cremos ser os piores.
Sejamos conscientes que o Pai do céu faz chover sobre bons e ruins, sobre justos e injustos...
Pe. Lucimar, sf


Español 
IV DOMINGO DE LA CUARESMA
En este cuarto domingo de la cuaresma somos invitados a reconocer la misericordia de Dios por cada uno de nosotros. Significa que meditaremos en el Evangelio de san Lucas 15, 1-3.11-32 la historia del hijo pródigo, pero que en verdad el nombre de la parábola debería se llamar, parábola del Padre bueno. Aquí es donde cada unos de nosotros que participáremos de la celebración de la eucaristía en este domingo, día 14 de marzo, podemos encontrar y experimentar se realmente reconocemos que Dios es este Padre que perdona, acoge, y nos da una nueva oportunidad.

En el sacramento de la reconciliación encontramos una doble vertiente: por un lado la reconciliación con Dios y por otro la reconciliación con los hermanos. Una lleva a la otra, porque cuando nos sentimos ser perdonados por Dios, debemos estar dispuestos a compartir este mensaje de alegría por ser perdonados, generando lo que nos dice en la segunda lectura de la segunda carta de san Pablo a los Corintios 5, 17-21: que no es solamente el perdonar a los demás, pero convencernos que somos propagadores de paz, perdón, caridad y servicio a los hermanos. Teniendo siempre en cuenta que no podemos caer en las trampas del mal de sentirnos los mejores, los engreídos, tal como el hijo mayor de la parábola, de pedir cuentas, ni rechazar al hermano que creemos peor.

Seamos conscientes que el Padre del cielo hace llover sobre buenos y malos, sobre justos e injustos.
 P. Lucimar, sf

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